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¿Cuántas veces te has quedado mirando al mar fijamente y sin darte cuenta has sentido un relax profundo y te has sumido en un estado muy placentero? El poder sugestivo de mirar el océano es conocido por todos. Nos relaja y nos hace olvidarnos, aunque sea por un momento, de los problemas. Incluso, en ocasiones, las soluciones a estos problemas aparecen casi sin darnos cuenta, producto de la relajación total de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Estar cerca del mar es, desde todo punto de vista, una experiencia saludable. Contemplar la inmensidad del océano nos vuelve reflexivos e incluso potencia nuestra vena artística.

¿Cuántas poesías hemos leído, cuántas pinturas hemos visto que tienen el mar como protagonista? Echar un vistazo a la vastedad del mar tiene un efecto grandioso sobre nuestros sentidos, y las emociones que nos hace sentir son liberadoras y beneficiosas para nuestro estado mental. Vamos a ver algunos de estos efectos.

¿Cómo afecta a nuestro cerebro contemplar el mar?

  • Dispara nuestra imaginación y potencia la creatividad. El mar es bello, inmenso y posee algo mágico. Estas cualidades estimulan poderosamente nuestros sentidos y también nuestras ideas. La imagen de libertad que automáticamente nos transmite la grandeza del océano nos libera de los pensamientos rutinarios que nos persiguen día tras día. Contemplando el mar, e inspirados por él, nuestro nuestro cerebro creará pensamientos novedosos que podrán llegar a sorprendernos. Si queremos dar con soluciones originales, creativas e innovadoras, no hay nada como pasarse una mañana frente al mar, simplemente admirándolo.
  • Reduce el estrés y la angustia.  Las ciudades nos agobian. El tráfico altera negativamente nuestro ánimo. A medida que pasan los días, las semanas y los meses nuestro humor se va alterando y puede llegar a surgir problemas con el estrés o la angustia. Vivir frente al mar y tener la oportunidad de asomarnos a él siempre que queramos es un privilegio que hará mejorar nuestro estado de ánimo. La armonía, el silencio y la calma que nos transmite el mar nos hará vivir de mejor humor. Y lo mejor es que el buen humor se contagia.
  • Favorece el mindfulness. Cuando nos sentemos en la arena frente al mar comprobaremos cómo todos nuestros sentidos se potencian y se regeneran al entrar en contacto con una naturaleza tan imponente e intensa. Enseguida sentiremos cómo nuestro subconsciente entra en un contacto íntimo con nuestros sentidos y con nuestro organismo. Esta atención plena a lo profundo de nuestro ser y al momento presente eliminará cualquier pensamiento tóxico que arrastremos. Y los efectos son duraderos.
  • Elimina el pensamiento obsesivo. Este tipo de pensamiento nos daña profundamente. Son esos pensamientos improductivos que nos rondan la cabeza una y otra vez, repetidamente, que nos acompañan allá donde vayamos sin saber por qué. Ideas repetitivas que no resuelven nada y que suele afectar muy negativamente nuestro estado de ánimo y nos sumen en un estado de alerta innecesaria que puede acabar en la angustia. Contemplar el mar es un antídoto perfecto para cortar de raíz estos bucles mentales que no sirven para nada más que para hacernos daño.

En definitiva, el mar, su color, su inmensidad, y todos los sentimientos que nos provoca, es una de esas maravillas por las que vale la pena estar vivo. De forma casi mágica nos conecta con la parte más trascendental de nuestra naturaleza y los beneficios mentales son tan inmensos como el propio mar.

Si ya te cansaste de Lima y de la ciudad, vivir frente al mar es una opción mucho más sencilla de la que imaginas

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  1. […] ciudad en el momento que lo deseemos, para olvidarnos de nuestros problemas cotidianos, y acudir a relajarnos tranquilamente frente al mar junto a quienes más queremos es todo un […]

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